ENSAYO FILOSÓFICO SOBRE LA SOBERANÍA DEL ESTADO


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1 UNIVERSIDAD DE CHILE Facultad de Derecho Departamento de Ciencias del Derecho ENSAYO FILOSÓFICO SOBRE LA SOBERANÍA DEL ESTADO Memoria para optar al grado de Licenciada en Ciencias Jurídicas y Sociales AUTORA: Manuela Veloso Dorner PROFESOR GUÍA: Fernando Atria Lemaitre Santiago, Chile 2015

2 En memoria de Camila 1

3 AGRADECIMIENTOS A mis profesores Fernando Atria y Juan Ormeño agradezco su formación y guía; a Juan Pablo Mañalich, su orientación; a mis padres, su comprensión y estímulo. 2

4 ÍNDICE Página I. A modo de introducción. 4 II. CAPÍTULO 1. El claroscuro de la promesa moderna. 18 III. CAPÍTULO 2. Nuestra situación espiritual. 31 IV. CAPÍTULO 3. El fracaso del neoconstitucionalismo. 52 V. CAPÍTULO 4. Silenciar al soberano. 81 VI. Bibliografía. 98 3

5 A MODO DE INTRODUCCIÓN ( ) el problema del Estado y el Derecho sólo puede ser comprendido si se considera al deber ser jurídico, a la vez, como un querer humano 1 El aspecto interno de las reglas es frecuentemente representado en forma errónea como una simple cuestión de sentimientos, por oposición a la conducta física externamente observable. Sin duda, cuando las reglas son generalmente aceptadas por un grupo y apoyadas generalmente por la crítica social y por la presión para obtener la conformidad, los individuos pueden tener a menudo experiencias psicológicas análogas a la experiencia de restricción o compulsión. Cuando dicen que se sienten obligados a comportarse de cierta manera, pueden realmente referirse a esas experiencias. Pero ellas no son necesarias ni suficientes para la existencia de reglas obligatorias. No es contradictorio decir que la gente acepta ciertas reglas pero no experimenta tales sentimientos de compulsión. Lo que es necesario es que haya una actitud crítica reflexiva frente a ciertos modelos de comportamiento en tanto que pautas o criterios de conducta comunes, y que ella se despliegue en la forma de crítica (que incluye la auto-crítica), exigencias de conformidad, y en reconocimiento de que tales críticas y exigencias están justificadas, todo lo cual halla expresión característica en la terminología normativa: yo debo, deber, tú tienes que, el debería, correcto, incorrecto, etc. 2 1 HELLER, Hermann, Teoría del Estado. México D.F., FCE., p Énfasis añadido. 2 HART, H.L.A., El concepto de derecho. México, D.F., Editora Nacional, pp Énfasis añadidos. 4

6 La explicación hartiana de la normatividad jurídica es una que busca dar cuenta de la autoridad que entraña de un modo que no refiera a elementos insostenibles en nuestros tiempos, a saber: a la autoridad de una entidad metafísica, a la situación de una sumisión vertical o a una experiencia de naturaleza psicológica (tal como la posesión de un deseo de conformidad al derecho, o las experiencias de compulsión o de sufrir algo irresistible). Sino que, respondiendo a nuestra cosmovisión moderna, refiera en último término a la concepción que tengan los participantes del sistema jurídico sobre las proposiciones jurídicas. Concepción que se expresa en una actitud críticoreflexiva desplegada en: reconocimiento y crítica del sistema jurídico, exigencias de conformidad al sistema jurídico y en una autocrítica al propio comportamiento en relación al sistema jurídico; todo bajo la convicción de la justificación de dicho despliegue. De manera que la obra de H.L.A. Hart se presta para la construcción de una explicación pragmatista de la normatividad, esto es, una explicación que obedece a una comprensión actitudinal de la génesis de la normatividad: la actitud favorable a juzgar una performance como correcta es conceptualmente primaria frente al estatus de esa misma performance como correcta. 3 Por tanto, el entendimiento pragmatista de la normatividad conlleva la asunción consistente en que la validez de una norma está condicionada por su 3 MAÑALICH, Juan Pablo, Reglas primarias de obligación. Las reglas del derecho penal en El concepto de derecho. En: Sebastián Figueroa (ed.). Hart en la teoría del derecho contemporánea. Santiago, Ediciones UDP, p

7 uso, en el sentido de que no requiere ser identificada por una regla de reconocimiento explícitamente articulada: En la mayor parte de los casos la regla de reconocimiento no es expresada, sino que su existencia se muestra en la manera en que las reglas particulares son identificadas, ya por los tribunales u otros funcionarios, ya por los súbditos o sus consejeros. 4 Es decir, aún nuestros sistemas jurídicos modernos, donde el despliegue reflexivo de la normatividad está institucionalizado de un modo altamente autoreferente, a través de normas de cambio, de reconocimiento y de adjudicación, no operan de un modo completamente auto-referente. Porque su operatividad descansa en su uso, uso que no admite ser completamente reglado, porque la realidad no admite ser enteramente reglada. El uso del sistema jurídico deja abierto un espacio irreductible de elementos que se mantienen implícitos y cuya validez se muestra en el comportamiento de los usuarios del sistema: Qué admiten las personas como justificación se muestra por cómo piensan y viven. 5 Ya antes de que la tradición analítica formulara un entendimiento pragmatista del derecho, el jurista alemán Hermann Heller lo había ofrecido en su monumental obra Teoría del Estado. Heller postula que la normatividad del derecho se asienta en lo que él articula como la normalidad, es decir, se 4 HART, H.L.A., El concepto de derecho. México, D.F., Editora Nacional, p Énfasis añadido. 5 WITTGENSTEIN, Ludwig Philosophical Investigations. Oxford, Basil Blackwell, 325- final, (traducción propia). 6

8 asienta en las determinaciones dadas por las representaciones de lo recto, que se mantienen como una infraestructura implícita a la normación objetivada, esto es, a la normación explícitamente articulada y positivada por las fuentes del derecho. 6 Y la normalidad con la normatividad positivada interactúan de tal modo que la normatividad se actualiza en el querer de las personas, por tanto, en el uso. 7 El entendimiento pragmatista de la normatividad jurídica, por ende, muestra que la práctica de usar las razones del derecho exige un cierto nivel de autoconciencia respecto a la práctica misma o, si se quiere, de reflexividad. Porque, en último término, refiere al querer de los participantes de la práctica. Dado que el uso de las razones del derecho descansa en una infraestructura que se mantiene, como hemos enfatizado, implícita en la práctica, es que no puede cerrarse en su contenido proposicional: 6 Lo que el legislador no ha declarado expresamente, aunque sí supuesto, respecto al sentido y aseguramiento de una norma jurídica aislada no se puede nunca descubrir mediante la sistematización lógica sino únicamente en conexión con la totalidad de la realidad social dentro de la cual la norma vale. HELLER, Hermann, Teoría del Estado. México D.F., FCE, p Encierra un profundo sentido el hecho de que las palabras: ordenación, reglas, ley, constitución, norma, tengan todas una doble significación, ya que expresan a la vez algo que es y algo que debe ser, una conducta que es, de hecho, regular, y la exigencia de una determinada conducta, conforme a la regla. Semejante hecho del orden del lenguaje nos revela ya la existencia de una conexión necesaria, con necesidad real, entre el ser y el deber ser, la normalidad y la normatividad, conexión que entraña importancia suma para el problema del derecho ( ) Pero las normas sociales mantienen necesaria relación con la esfera del ser en cuanto sólo tienen validez, es decir, reciben existencia y se mantienen, en virtud de una orden dictada por una voluntad y de una observancia voluntaria, o sea que su deber ser tiene siempre como supuesto y como objetivo un querer real. HELLER, Hermann, Teoría del Estado. México D.F., FCE, pp

9 ( ) quiero decir que hay valores o creencias normativas ( ) que subyacen a las prácticas jurídicas, de tal modo que sin comprenderlos no hay manera alguna de saber el derecho aplicable en cualquier caso particular ( ) El problema es que esos valores/creencias normativas no son específicamente legales, sino que son parcela y parte de un mundo social más amplio en el que estamos formados; son parte del Volksgeist. 8 El problema que señala Fernando Atria consiste en que el uso de las razones del derecho no es una práctica enteramente autónoma de la moral, por cuanto la significación de las proposiciones jurídicas depende de las ideas que tengamos sobre el derecho, ideas cuyo contenido está determinado por nuestras concepciones morales: ( ) las ideas sobre el derecho tienen la consecuencia directa de determinar el tipo de argumentos que cuentan como argumentos legales; ellas dan forma a lo que Honoré llamó el canon del argumento legal. 9 En el sentido de que [qué] está excluido y qué incluido en el discurso legal, no es algo que esté dado por las reglas a aplicar, sino que por las ideas sobre el derecho. 10 La matizada autonomía del derecho respecto de normatividades extrajurídicas, en vocabulario de Heller, también había sido advertida por dicho autor: Pero la dogmática jurídica no es ni plenamente autárquica ni autónoma; su sentido y su método no se pueden comprender ni explicar según un punto de vista normativo-inmanente, sino sólo metajurídicamente, es decir, desde un punto de vista político-histórico que es el correspondiente a la ciencia de lo real ATRIA, Fernando, On law and legal reasoning. Oxford, Hart Publishing, p. 140, (traducción propia). 9 Ibíd., p Ibíd., p HELLER, Hermann, Teoría del Estado. México D.F., FCE, p

10 Ahora bien, nuestra cosmovisión moderna no sólo entiende pragmatistamente a la normatividad jurídica, sino que también a la normatividad de la moral. El rescate analítico de la filosofía de Hegel permite explicarlo en términos de que la normatividad de la moral no opera mediante concepciones de leyes universales, intemporales y de contenido apriorístico, al modo de Kant. Sino que tomando de la filosofía kantiana la idea de autodeterminación, Hegel postula que la determinación opera a través de nuestras concepciones de imperativos (o de leyes) con racionalidad idiosincrática, es decir, que tienen una historia concreta: nuestra historia. 12 Por consiguiente, la existencia de todo contenido normativo y de todo estatus normativo se explica, en último término, 12 ( ) no hay espacio para la hipótesis en que dos personas compartan la misma concepción de las circunstancias sin compartir, al mismo tiempo, las razones para una acción moralmente correcta. Dado que en tal caso se requeriría de un estado psicológico distintivo, a saber, de un deseo, para dar cuenta de sus diversas razones y, por tanto, de la acción desde la perspectiva de cada agente. El presupuesto de este razonamiento estriba en la asunción de que los estados volitivos y los estados cognitivos no son existencias diferenciadas, pues el mundo no es motivacionalmente inerte. La esfera propia del equipo cognitivo no es estrictamente un estado cognitivo neutral. Pues en tal caso, por sí sólo no podría constituir una razón para la acción. Así entendido, que dos personas en la misma situación y condición no compartan las razones que exigen un determinado curso de acción, se debe a que, a su vez, no comparten la misma concepción de las circunstancias relevantes de la acción; lo que se explica por el carácter idiosincrático de la racionalidad. Por tanto, en un cierto sentido, los imperativos morales son contingentes o bien condicionales: determinan sólo a aquellos que ya los poseen. En otras palabras, el constreñimiento moral no es universalizable. VELOSO, Manuela, Qué es lo que está en juego en la idea de individuo?: contra Harry Frankfurt. En: Juan Ormeño (ed.). Acciones, razones y agentes. Santiago, LOM, pp , de pendiente publicación. Para el argumento completo véase: MCDOWELL, John, Are moral requirements hypothetical imperatives?. En: Mind, value and reality. Cambridge, Harvard University Press, pp Más abajo en el texto aludimos a las explicaciones ofrecidas por Robert Pippin, Dean Moyar y Robert Brandom sobre el despliegue democrático, o bien social, de la normatividad de la razón, que extraen de la filosofía de Hegel. 9

11 por la circunstancia de que corresponde a nuestro querer; sobre este trasfondo se conforma lo que Tony Honoré llamó el canon del argumento legal. O sea, somos autores y enteramente responsables del mundo. El mundo es tal y como lo queremos: Lo que es racional es real, y lo que es real es racional. 13 Fin de la historia? Es el carácter social, o bien democrático, de la ontología de la normatividad que nos es mostrada por su explicación pragmatista, algo que es de su esencia? O sea: sólo existe normatividad en aquella práctica donde es democráticamente instituida la autoridad que entraña el estatus normativo? Pues no. La ontología democrática de la normatividad es el estándar moderno de legitimidad. Estándar que dificultosamente impregna nuestras prácticas normativas. Veamos. La idea de la libertad igual de todo lo que tiene rostro humano es una idea de origen específicamente cristiano, 14 que en la modernidad pasa a ser entendida como un derecho innato del ser humano: El destino de la vida del hombre de la Edad Moderna, a cuya realización todos tienen esencialmente el mismo derecho, es la autoformación de la personalidad en este mundo y, como supuesto de ello, la utilización, en sentido terreno, del mundo y el poder de decisión, el reino de la libertad entendido como el reino del desarrollo de las energías humanas para fines propios que el hombre se pone a sí mismo HEGEL, G.W.F., Principios de la Filosofía del Derecho. Buenos Aires, Editorial Sudamericana, p HELLER, Hermann, Teoría del Estado. México D.F., FCE, p Ibíd., p Énfasis añadido. 10

12 Es decir, la idea de libertad igual adquiere en la modernidad sentido secular, pretende, por tanto, la utilización del poder del mundo para la realización de aquellos fines que los seres humanos se pongan a sí mismos, de un modo en que el uso del poder promueva la libertad igual de cada uno. Sin embargo, el proyecto moderno de dar desarrollar democrático a la agencia individual, choca, insoslayablemente, con el modo de organización de la sociedad civil: Hegel había visto ya, certeramente en casi todos sus puntos, esta verdadera realidad de la sociedad civil. Llámala el campo de batalla del interés privado individual de todos contra todos, y dice que, en ella, cada uno es para sí su único fin y lo demás no es para él nada ( ) Hegel considera ya la concentración del capital y la proletarización como condicionándose recíprocamente 16 Entonces, cuando la lógica inmanente de la exigencia de libertad e igualdad comenzó a operar, la sociedad civil no podía ya valer como un orden definitivo. 17 En su lugar, surge la imagen del sujeto pueblo, y el principio democrático como forma de ejercer el dominio: Todos los poderes, incluso el autocrítico, se legitiman ahora inmanentemente mediante el pueblo. 18 Porque la imagen del pueblo emerge para significar una forma de organización social en la que el ejercicio del dominio respeta y actualiza lo que modernamente entendemos por libertad, 19 esto es, libertad igual frente a toda determinación 16 Ibíd., p Ibíd., pp Ibíd., p Para este concepto de libertad, la democracia aparece como la forma del dominio político que se adecúa a la libertad: de acuerdo con la idea de autonomía que se formula en la época 11

13 heterónoma que se muestre injusta. El individuo está llamado a limitarse autónomamente, a ser su propio legislador; la imagen del pueblo representa al sujeto que se legisla a sí mismo: La libertad como autonomía individual de las personas se traslada así a la comunidad política y reaparece en la libertad autónoma colectiva del pueblo soberano. 20 Sin embargo, como arguyera Heller, la sociedad moderna ya no puede representarse como una comunidad homogénea, el mundo está cruzado por antagonismos, cómo hablar, por ende, de la voluntad del pueblo si esta presupone comunidad de voluntad? La relativa homogeneidad puede ser una de las causas de la unidad del Estado; pero, a la inversa, esa homogeneidad puede ser el resultado de la acción de la unidad estatal. Nunca, sin embargo, el carácter relativamente unitario, en lo natural o cultural, de los habitantes podrá engendrar por sí mismo la unidad del Estado. Ésta sólo puede concebirse, en última instancia, como resultado de una acción humana consciente, de una formación consciente de unidad, como organización. 21 Una de las principales tesis de Heller, que se advierte en la cita recién transcrita, es que el concepto de pueblo es un concepto dependiente del concepto de Estado. La fundamentación subyacente consiste en que la unidad de voluntad, entendida como dirección normativa compartida, existirá recién moderna, el orden vigente es creado por aquellos que se encuentran sometidos a él. La democracia puede aparecer así como mediadora entre la permanencia del dominio político, esto es, entre la existencia de relaciones de subordinación, de mando y obediencia, y el principio de la libertad individual y de la autodeterminación. BÖCKENFÖRDE, E. W., Estudios sobre el Estado de Derecho y la democracia. Madrid, Trotta, p Ibíd., p HELLER, Hermann, Teoría del Estado. México D.F., FCE, p Énfasis añadidos. 12

14 como producto de una organización de acción y decisión. Es decir, es algo que se deja articular a consecuencia de la organización de actividades que posibilitan unidad en la acción. 22 A este respecto, el rol del principio democrático, o bien de la soberanía del pueblo, es expresar una estructura de organización del poder estatal, que se opone al principio de la soberanía del dominador. 23 En la estructura de organización de la actividad estatal expresada y exigida por el principio democrático, la ley democráticamente instituida pasa a ser un concepto fundamental. Por cuanto es el concepto que perspicuamente encarna, de un modo institucional, el estándar moderno de legitimidad. 24 Es decir, institucionaliza - a través de la organización de un proceso público de 22 El Estado, lo mismo que las demás organizaciones, sólo puede organizar de manera inmediata actividades, no opiniones; actos de voluntad que operan en el mundo circundante, que a su vez actúa sobre ellos, y no convicciones internas de voluntad. Por esta razón no hay que caer en el error de estimar que la unidad del Estado es una unidad de voluntad, pero, en cambio, sí hay que considerarla como una unidad real de acción. Ibíd., p Énfasis añadidos. 23 Ibíd., p El concepto de ley tiene un significado central para la conformación y concreción ulterior de este concepto del Estado de Derecho. Es el eje de la constitución del Estado de Derecho. Y el concepto de ley propio del Estado de Derecho tampoco permite diferenciar entre un concepto material o formal de la ley, sino que es una categoría unitaria. En ella se vincula un aspecto material o de contenido con un aspecto formal o procedimental en una unidad inseparable: la ley es una regla general (norma general) que surge con el asentimiento de la representación del pueblo en un procedimiento caracterizado por la discusión y la publicidad. Todos los principios esenciales para el Estado de Derecho están incluidos institucionalmente en este concepto de ley, y en él reciben su forma. El asentimiento de la representación del pueblo garantiza el principio de la libertad y la posición de sujeto del ciudadano; la generalidad de la ley impide injerencias en el ámbito de la libertad civil y de la sociedad más allá de sus limitaciones o delimitaciones de carácter general, esto es, válidas para todos por igual; el procedimiento determinado por la discusión y la publicidad garantiza la medida de racionalidad que el contenido de la ley puede humanamente alcanzar. BÖCKENFÖRDE, E. W., Estudios sobre el Estado de Derecho y la democracia. Madrid, Trotta, p

15 discusión que encauza y urbaniza los antagonismos, de acuerdo a los principios de representación y generalidad la exigencia de que la autoridad que entraña la normatividad jurídica sea instituida de tal modo que la perspectiva de cada uno cuente, y cuente por igual. La instauración del estándar moderno de legitimidad en la institución que organiza la función legislativa, no sólo supuso un cambio revolucionario para la idea del derecho, sino que también para la idea de la moral, en tanto que mostró que el discurso moral, envuelto en sí mismo, es deficitario ante nuestra cosmovisión moderna. Puesto que el estándar moderno de legitimidad requiere de un modo de organización que suponga instituciones con efectiva capacidad para constituir un orden que trascienda la sociedad civil, esto es, instituciones que instauren contrafácticamente normatividad legítima. La normatividad moral por sí misma no es capaz de realizar en el mundo la idea de libertad igual, para ello se requiere de planificación apoyada en coacción, se requiere la idea de Estado de derecho: En realidad, la tendencia a la organización planificada y según el Estado de Derecho del poder del Estado y la encaminada a la salvaguardia de la libertad se condicionan recíprocamente. Sólo se encuentran en oposición plan y libertad si se conciben como abstracciones sin entidad. En la realidad social la libertad humana tiene que ser siempre organizada Ibíd., p

16 En consecuencia, en el mundo moderno el juicio moral sólo se deja articular en referencia a las proposiciones del derecho. 26 Porque el derecho asegura institucionalmente la legitimidad de sus proposiciones, (lo que no implica, por cierto, negar el espacio para la noción de derecho injusto). De hecho, la política moderna nace a raíz de la exigencia de un espacio configurado técnicamente para que enfrentemos los antagonismos que nos fracturan, reconociéndonos igualmente libres unos a otros; y, así, la resolución del conflicto porte el estándar moderno de legitimidad. En estricto rigor, lo político, articulado en términos democráticos, es la actividad de enfrentamiento en mutuo reconocimiento, en que confluyen, principalmente, los discursos de la moral y el derecho, discursos sujetos a un movimiento de codeterminación recíproca. Luego, dado que la ley es la resolución institucional del conflicto, es que usamos indistintamente los calificativos de político y moral para referirnos a aquellas cuestiones polémicas que no gozan del estatus de ser algo jurídicamente resuelto. Así también lo haremos en el presente trabajo, cuando ello no se preste a confusión. 26 En la misma línea, Honoré, en la conferencia titulada The dependence of morality on law, presentó la tesis de que la moralidad no es autosuficiente, es decir, que por sí misma no puede servir como guía para la acción, porque necesitaría de los detalles provistos por el derecho para poder dar cuenta del curso de acción correcto y del sistema institucional para hacer efectiva la obligación moral. Más aún, en ciertos casos de conflictos morales disruptivos se requeriría de una decisión institucional para resguardar la continuidad de la unidad política: Dado como es el mundo, la necesidad de tener ciertas cuestiones zanjadas no por puro razonamiento sino por medios institucionales, es inherente a la moralidad. HONORÉ, Tony, The dependence of morality on law. Oxford Journal of Legal Studies 13 (1): 17, (traducción propia). 15

17 Entender el modo en que el derecho y la moral dialogan es clave, por ende, para el correcto entendimiento y diseño de las instituciones que resuelven los antagonismos políticos. En concreto, no cualquier modo de interacción realiza satisfactoriamente el estándar moderno de legitimidad, sino el que promueve el despliegue móvil de dicho estándar. Esto es, un modo de interacción entre la moral y el derecho que dé expresión a su superación sustantiva. Sostenemos que aquello se posibilita cuando la institucionalidad del Estado, de un lado, protege la legitimidad de la semántica jurídica en la medida que garantiza institucionalmente su desarrollo en autonomía de concepciones morales privadas. Y, de otro, fomenta un despliegue trascendente de la moralidad encarnada en la Constitución, en desafío del estándar de legitimidad previamente corporeizado en la misma Constitución, las instituciones públicas y la semántica jurídica. Por tanto, nuestra tesis consiste en que el Estado de Derecho instaura y actualiza el estándar moderno de legitimidad mediante su actividad extendida en el marco de la correcta interacción entre la moral y el derecho. Así, la voluntad estatal, que adquiere existencia inteligible tras la actividad de su institucionalidad, se configura por el movimiento dialógico entre los dos momentos de su existencia, a saber: el momento de su positividad inmanente y el momento de su crítica trascendente. En este movimiento el Estado asienta 16

18 racionalidad cuyo éxito se funda en su ontología democrática. Racionalidad que, en virtud de la legitimidad que porta, se presta para que a partir de ella los ciudadanos del Estado conformen, en satisfactoria libertad, su agencia y perspectiva crítica. Consiguientemente, el fundamento último del Estado de Derecho es la institución libre de la agencia ciudadana. Este trabajo, en un estilo ensayístico y en clave prioritariamente filosófica, defiende, en los términos expuestos, la soberanía del Estado de Derecho. Con tal propósito, en el primer capítulo caracterizamos el problema de la constitución de la agencia individual. En el segundo, relatamos las circunstancias históricas y teóricas a las que debe enfrentarse el diseño de la institucionalidad estatal para dar efectiva posibilidad a sus ciudadanos de dar libre despliegue a sus agencias individuales. Luego, en el tercer y cuarto capítulo, afirmamos nuestra tesis en un diálogo crítico con la doctrina del neoconstitucionalismo. Doctrina que, aun cuando ostenta un éxito arrollador en términos de influencia, está en contradicción con el proyecto moderno de dar desarrollo democrático a la agencia individual; precisamente porque erosiona la soberanía del Estado. 17

19 EL CLAROSCURO DE LA PROMESA MODERNA ( ) lo social es previo a la individualidad, de un modo que es sólo dentro y como resultado de ciertos tipos de sociedades gobernadas por normas, que me puedo convertir en un determinado individuo deliberante con una base para reflexionar sobre lo que debo hacer 27 El ensalzamiento de los nuevos valores que supuso la irrupción de la cosmovisión moderna está perfectamente ilustrado, por su sencilla y elocuente presentación, en el pequeño manifiesto escrito por Kant en respuesta a la pregunta por qué es la ilustración. Kant declara que el propósito de la ilustración consiste en el uso del propio entendimiento para salir de una auto-culpable minoría de edad, esto es, alcanzar la madurez suficiente que nos permita escapar del yugo de las supersticiones y decidir por y para nosotros mismos. Dicho carácter culpable radica en el hecho de que la delegación del propio juicio no se debe a la carencia de entendimiento, sino a la falta de valor y decisión para servirse de uno mismo sin la guía de otro. Así, el llamado a la ilustración es a no 27 PIPPIN, Robert, Hegel s practical philosophy. Cambridge, Cambridge University Press, p. 247, (traducción propia). 18

20 permanecer pasivo con la razón, sino que a ser siempre el legislador de uno mismo; lo que no se reduce a la adecuación de nuestros fines esenciales, sino que, extendiéndose por encima de nuestro entendimiento, requiere acudir al sentido común. Y por sentido común, señala Kant, debe entenderse la idea de un juicio que en su reflexión incorpora, mediante cotejo, otros juicios, no tanto reales como más bien meramente posibles, poniéndose así en el lugar de todos los otros mientras se haga abstracción de las limitaciones que dependen de forma causal del propio juicio. De este modo, se logra acceder a un punto de vista universal. Por consiguiente, las máximas del sentido común son: pensar por sí mismos, pensar en el lugar de cada otro y pensar siempre de acuerdo consigo mismo. 28 Como nota Charles Taylor, el llamado moderno a salir de la autoculpable minoría de edad para servirse del propio juicio y convertirse en un adulto corajudo, envuelve la asunción de que la cosmovisión precedente sería deficitaria por ilusoria. 29 De manera que el atreverse a conocer, aprender y a juzgar, vendría aparejado con el (pre)juicio de que la cosmovisión precipitada en decadencia no respondía más que a falsas supersticiones. Por consiguiente, la nueva narrativa que nos llama a entendernos radicalmente responsables de nuestras propias circunstancias, al reducir el entendimiento de la época 28 KANT, Immanuel, Respuesta a la pregunta: Qué es la Ilustración?. En: J. B. Erhard y otros. Qué es la Ilustración? Madrid, Tecnos, pp TAYLOR, Charles, Secular Age. Cambridge, Harvard University Press, p

21 precedente a algo ilusorio, no sólo dificulta la comprensión de cómo es que llegamos al entendimiento moderno, sino que ha alimentado una distorsión consistente en la naturalización del juicio individual. De este modo, ha quedado oculto que la perspectiva individual comporta un logro histórico, es decir, que es un logro social que tiene historia cuyo punto de partida fue precisamente el juicio colectivo; y que, por tanto, es un fruto de la agencia colectiva: ( ) porque el individualismo ha llegado a parecernos simplemente lo que es el sentido común. El error de los modernos es tomar esta comprensión del individuo por sentada en demasía, como si fuese naturalmente nuestra primera auto-comprensión ( ) Por el contrario, lo que proponemos aquí es la idea de que nuestra primera auto-comprensión estaba profundamente arraigada en la sociedad. Nuestra identidad esencial era como padre, hijo, etc., y como miembro de esta tribu. Sólo ulteriormente llegamos a concebirnos a nosotros mismos como individuos libres en primer lugar. 30 Lo anterior en razón de que el método usado para destronar las antiguas supersticiones fue el establecimiento de la premisa de que los pensamientos sólo existen dentro de la mente individual, así el desencantamiento respecto de las antiguas supersticiones cobró el precio de generar una fatal susceptibilidad a teorías atomistas. 31 Porque si los pensamientos sólo existen dentro de la mente individual, entonces las razones también pasan a tener un carácter marcadamente individual, desarraigándose del contexto social que les 30 Ibíd., p. 157, (traducción propia). 31 Tal como en el pensamiento epistemológico moderno es pensado que una descripción neutral de las cosas primero incide en nosotros, y luego los valores son añadidos; entonces aquí, nos apropiamos de nosotros mismos primero como individuos, y luego somos conscientes del resto, y de las formas de socialización. Esto vuelve fácil entender la emergencia del individualismo moderno por un tipo de historia que substrae: los viejos horizontes fueron erosionados, quemados, y lo que emerge es el sentido subyacente de nosotros mismos como individuos. Ibídem. 20

22 dio vida. En otras palabras: con la presentación naturalizada del juicio individual, i.e. como algo naturalmente dado y no históricamente logrado, nuestras razones sufrieron cierta desvinculación de la experiencia que las funda y que, por tanto, significa su vigencia. Por ello, la presentación naturalizada del logro histórico que implicó la entrada al mundo del juicio individual, conllevó su representación como algo a- problemático que no requiere más trabajo que el propio cultivo. Esto, al privar a la noción de individualidad de una comprensión satisfactoria de su ontología, dejó a los sujetos modernos totalmente inermes frente a la nueva dimensión que adquirió el problema de lo que se denomina alienación; tanto así que, en rigor, la alienación es un problema distintivamente moderno, al ser la contracara del entendimiento moderno de una agencia libre. Dicha presentación naturalizada de la individualidad, que impregna aquello que Taylor denomina nuestro imaginario social, 32 nos lleva a enfrentarnos al problema de la alienación como si fuese un problema teorético; un problema de déficit de conocimiento. Es decir, un problema que portarían nuestros pensamientos individuales. Cuando antes bien, la alienación corresponde a un fracaso práctico, por tanto, es un problema consustancial a la racionalidad práctica. De modo que lo que se refiere con alienación, es un fracaso en el asentamiento de autoridad en la presentación de un juicio de 32 ( ) el común entendimiento que hace posible prácticas comunes y un sentido de legitimidad ampliamente compartido. Ibíd., p. 172, (traducción propia). 21

23 corrección normativa, por ejemplo, de lo bueno y de lo malo. Por eso la alienación no puede explicarse tomando un punto como la vara de lo natural o racional y luego midiendo la divergencia de la posición del agente respecto del punto tomado. Porque la alienación es un problema que atañe a nuestros desacuerdos sociales más elementales, en virtud de que son nuestros conceptos los que portan alienación en tanto su significado se puede asegurar sólo en referencia de lo que excluyen, volviendo a la gramática moral problemática por indeterminación, ambigüedad e insuficiente complejidad. Con ello, la descripción de las acciones deviene inestable, en razón de que a partir de nuestros conceptos se articulan razones que resultan inaccesibles o que fallan en contar como razones. 33 La causa del déficit de la gramática moral consiste en que esta se desarrolla en un contexto de interacción humana determinado por relaciones de opresión, lo que conlleva que la normatividad de nuestra gramática, o sea, del lenguaje, adolezca de falta de constreñimiento autónomo. Esta situación la explica Robert Brandom al dar cuenta del carácter social de la normatividad. El autor postula que para que el fenómeno de lo normativo opere con certera eficacia se requiere de simetría entre los usuarios de los conceptos, por ello el desarrollo normativo es una práctica que tiene como norte a la simetría, es decir, que necesariamente la anhela porque ella es condición 33 MOYAR, Dean, Self-completing alienation: Hegel s argument for transparent conditions of free agency, En: Dean Moyar y Michael Quante (eds.). Hegel s Phenomenology of Spirit. Cambridge, Cambridge University Press, pp

24 de su operatividad. Esto significa que el desarrollo normativo de la gramática requiere que los usuarios del lenguaje concurran en coordinación simétrica respecto de las posiciones de responsabilidad y autoridad en el despliegue de la constricción normativa. Así, la inteligibilidad de la práctica de la creación normativa requiere dar cuenta de una interacción de mediación alternada entre las posiciones de responsabilidad y autoridad, para que el constreñimiento sea efectivo y pueda ser descrito como una auto-imposición. De manera que el desarrollo de la gramática moral en tanto exige simetría para no caer en irrelevancia, tanto por indeterminación como por desentendimiento, equivale a la erosión de las relaciones de opresión por cuanto implica reconocimiento: Esta estructura de autoridad y responsabilidad recíproca, es la forma histórica del reconocimiento, que a la vez instituye tanto la forma distintiva de una comunidad (una tradición) como a los individuos en exhibición de estatus normativos determinados por contenido conceptual: compromisos adquiridos en la representación de cómo las cosas son objetivamente. El reconocimiento se muestra ahora en su forma correcta, como un proceso que proporciona el contexto dentro del cual podemos comprender las relaciones semánticas que articulan los contenidos de determinación conceptual de los compromisos discursivos. 34 Por tanto, el fenómeno de lo normativo en su operatividad exige un uso del lenguaje que no implique manipulación del otro. Porque corresponden a situaciones excluyentes, i.e. irreconciliables: o hay fuerza o hay normatividad, o hay opresión o hay reconocimiento, o hay manipulación o hay comunicación. No obstante, estas situaciones no se encuentran en estado puro, sino que 34 BRANDOM, Robert, Reason in philosophy. Cambridge, Harvard University Press, pp , (traducción propia). 23

25 conviven; por lo que al decir que son irreconciliables estamos diciendo que la victoria de un principio implica la derrota del otro, es decir, que se cancelan mutuamente. Esta relación de oposición entre los pares mencionados, queda bien ilustrada con la tematización que Hannah Arendt hace del poder, que, para estos efectos, debe entenderse como equivalente a normatividad: El poder sólo es realidad donde palabra y acto no se han separado, donde las palabras no están vacías y los hechos no son brutales, donde las palabras no se emplean para velar intenciones sino para descubrir realidades, y los actos no se usan para violar y destruir sino para establecer relaciones y crear nuevas realidades. El poder es lo que mantiene la existencia de la esfera pública, el potencial espacio de aparición entre los hombres que actúan y hablan. 35 Entonces, el estado alienado se activa cuando el individuo es dejado a solas para juzgar por su cuenta con una gramática moral problemática que no es apta para significar sus circunstancias; porque es una gramática tributaria de una racionalidad, aparentemente práctica, que ha sido desvinculada de sus contingentes condiciones de existencia. Precisamente dicha desvinculación le impide a la razón poder ser práctica, esto es, servir por sí misma como guía para la acción; porque su significado se diluye en sincronía con su representación por palabras que se vacían. Y el costo no acaba ahí, con ello también se pierde la posibilidad de rastrear cuánto de opresión hay en la praxis y reflexión histórica que dota de significado a nuestros conceptos. 35 ARENDT, Hannah, La condición humana. Barcelona, Paidós, p

26 Por tanto, el claroscuro de la promesa moderna consiste en que, del lado claro, logra la reivindicación de la autonomía individual mediante la valoración enaltecida de la capacidad de juicio accesible a todo ser racional, es decir, universaliza la dignidad asociada a la condición de ser un sujeto responsable. Y, del lado oscuro, invisibiliza que la capacidad de juicio es el resultado del desarrollo del lenguaje, es decir, de nuestros conceptos que gobiernan las condiciones de inteligibilidad del intercambio de razones, 36 esto es: qué tipos de razones pueden ser ofrecidos, el contexto, los compromisos que se adquieren al ofrecerlos, y qué cuenta como levantar, e impugnar, una proposición. 37 Esto porque el juicio individual lo posibilita el desarrollo de la comunidad conceptual asociada a una tradición, encarnada en prácticas e instituciones sociales. En tal sentido es un logro con historia, de una historia marcada por el anhelo de concurrencia simétrica en el desarrollo del lenguaje con que significamos nuestra existencia; no obstante, dicha invisibilización nos quita lucidez en la diferenciación de relaciones manipulativas versus comunicativas en la interacción del recorrido normativo. La entrada al mundo del juicio individual en un estado radicalmente desmejorado respecto de sus propios propósitos, debido a la desvinculación, 36 Así que una de las cosas que tomo es que hemos aprendido que razonar y uso de conceptos son las dos caras de una misma moneda. La actividad discursiva, paradigmáticamente aplicar conceptos en la descripción de cómo son las cosas, es inseparable de la actividad inferencial de dar y pedir razones. BRANDOM, Robert, Reason in philosophy. Cambridge, Harvard University Press, p PIPPIN, Robert, Hegel s practical philosophy. Cambridge, Cambridge University Press, p

27 propiciada por los inicios de la modernidad, de la perspectiva individual respecto al engranaje social que daba vida a nuestros conceptos; fue posteriormente denunciada por el pensamiento que en cadena articularon Rousseau, Kant y Hegel, pero, como revisaremos en el siguiente capítulo, nuestra situación espiritual - o, en palabras de Taylor, nuestro imaginario social sigue estando dominada por la concepción empobrecida de la individualidad propia de la primera etapa de la era moderna. La racionalidad característica de esta fase de la Ilustración es atomista, tanto porque el cognoscente individual es el portador básico de la verdad, como porque la representación individual es tomada como el bloque básico de la construcción de conocimiento. Pero en eso su verdad es sólo un vacío detrás (310, 573) allí surge un anhelo por algo más, por un propósito central genuino para dar significado a sus actos particulares. 38 La cita transcrita expresa la paradoja a la que se enfrenta el sujeto moderno al estar arrojado por vez primera a una libertad que lo sobrepasa, porque es inasible en sus propios términos. Una vez que se funda la expectativa de que la individualidad puede moldearse por el propio juicio, es decir, que podemos construirnos racionalmente de un modo autónomo (autodeterminarnos), ser un individuo libre pasó a significar el poder actuar de un modo tal que el individuo se apropie de su voluntad expresada y constituida retrospectivamente en la acción, es decir, que el individuo sea capaz de reconocerse en su propia acción. Y esto significa que la acción libre es aquella 38 MOYAR, Dean, Self-completing alienation: Hegel s argument for transparent conditions of free agency, En: Dean Moyar y Michael Quante (eds.). Hegel s Phenomenology of Spirit. Cambridge, Cambridge University Press, p. 168, (traducción propia). 26

28 susceptible de ser descrita como una autorrealización del agente. 39 No obstante, haciendo uso de la racionalidad desvinculada o atomista aquella descripción es implausible. Porque para poder significar la propia acción como autorrealización, el agente debe apropiarse de las razones que significan su acción, es decir, debe reconocerse en la racionalidad práctica que la anima. Por consiguiente, el estado parcialmente desarraigado o desvinculado de la racionalidad moderna respecto de sus contingentes condiciones de existencia, es lo que dimensiona a la alienación como un problema distintivamente moderno, que se verifica cada vez que en la aplicación de la pregunta por qué? a la acción intencional, el agente reconoce que su respuesta acude a razones inaccesibles o que fallan en contar como razones. Porque la pregunta y la respuesta presuponen que el agente afirma la razón para su acción como resultado de un juicio autónomo, y que la autoridad de la razón afirmada para dar cuenta de la acción está dada porque: (a) se refiere a los propósitos fundamentales de la concepción del agente de una vida plena y (b) el agente es capaz de ofrecer un relato que permita vincular su acción en concreto con un contexto social que reconozca aquellos propósitos fundamentales. De este modo su concepción de lo que es una vida plena 39 ORMEÑO, Juan, Expresivismo y Retrospectividad Es la teoría hegeliana de la acción una alternativa a las teorías mentalistas y causalistas? En: Acciones, razones y agentes. Santiago, LOM, pp , de pendiente publicación. 27

29 adquiere un sostén objetivo dado por el reconocimiento social, en la medida que sean propósitos lo suficientemente comprensibles para el resto, aun cuando no completamente compartidos, como para que la acción sea transparentemente vista en realización de tal propósito. 40 Otra forma de explicar la determinación del engranaje social, esto es, del contexto social de razones compartidas, en cualquier tipo de descripción de la propia subjetividad, la expone Alasdair MacIntyre cuando señala que el ser humano es un contador de historias que aspira a la verdad, y en ello la pregunta clave no versa sobre la autoría, sino que sobre el entramado de roles sociales. ( ) sólo puedo contestar a la pregunta qué voy a hacer? si puedo contestar a la pregunta previa de qué historia o historias me encuentro formando parte? Entramos en la sociedad humana con uno o más papelespersonajes asignados, y tenemos que aprender en qué consisten para poder entender las respuestas que los demás nos dan y cómo construir las nuestras. 41 En esto radica la importancia de las narraciones, de la literatura, de las representaciones dramáticas, de los mitos y leyendas; todos vehículos del pensamiento que articulan el guión de cómo nos comprendemos. En esta misma línea, el teólogo y filósofo irlandés Herbert McCabe señala que el mal no sería más que privación de realidad a través de la devaluación del lenguaje y de 40 MOYAR, Dean, Self-completing alienation: Hegel s argument for transparent conditions of free agency, En: Dean Moyar y Michael Quante (eds.). Hegel s Phenomenology of Spirit. Cambridge, Cambridge University Press, p MACINTYRE, Alasdair, Tras la virtud. Barcelona, Crítica, p

30 la estructura del significado humano. 42 Esta forma de referirse al mal equivale a las relaciones de oposición que más arriba mencionamos, a saber, que los principios de la comunicación y de la manipulación se cancelan mutuamente. Por tanto, la devaluación del lenguaje implica el fortalecimiento de las condiciones bajo las cuales se despliegan situaciones de relaciones manipulativas. 43 De manera que el desarrollo del lenguaje es la garantía de la operatividad de una racionalidad fundante de un mundo compartido, que se articula en un proceso de disolución de relaciones de opresión. Mediante tal racionalidad los individuos podemos describir nuestras acciones como autorrealizaciones. Así lo explica la filosofía de Hegel: El yo, la fuente de razones auto-determinantes, es inadecuadamente expresado de cualquier otro modo que no sea el lenguaje. Sólo en el lenguaje encontramos una red de relaciones funcionales para vincular al propio poder de inferencia. Cuando Hegel escribe que la objetividad del lenguaje posee la verdadera naturaleza del yo, está haciendo un punto sobre el yo como esencialmente indicial, situándose ante mí como un individuo y como el yo universal de cualquier sujeto. Hegel extiende el punto sobre el uso del yo al lenguaje del sujeto en general. Hablo en primera persona, pero lo que digo no puede simplemente representar mi opinión privada, mi inmediato significado 42 MCCABE, Herbert, Law, love and language. Londres, Sheed and Ward, p Auto-expresión es casi el opuesto exacto de auto-afirmación. Este último sustituye la comunicación por dominación. Por el miedo de volvernos vulnerables al resto si nos abrimos a ellos en comunicación, buscamos controlarlos para que calcen en nuestro propio mundo. La comunicación perturba nuestro mundo presente, lo deja abierto a la influencia del resto; lo que podría involucrar cambios revolucionarios Ibídem, (traducción propia). 29

31 particular pretendido. Mi particularidad está alienada, y mi particularidad se esfuma, por lo que dije ahora existe en la común red de significación. 44 Como dice la última parte de la cita, la particularidad se esfuma en la común red de significación, porque para que la voluntad del individuo pueda constituirse en una existencia inteligible tanto para él como para el resto, requiere del lenguaje, requiere de un medio expresivo conceptual que opera con independencia de la mente individual, dado que su autoría y significación es irremediablemente social: dependerá del individuo qué palabra o qué concepto utilice, pero no su significado. Esta situación es la que representa la premisa de que la agencia es primariamente colectiva: es la racionalidad compartida, i.e. el juicio colectivo, el que le abre la puerta de entrada al mundo a la capacidad de juicio individual. Porque el pensamiento individual se constituye en una relación de necesidad respecto de lo objetivo, i.e. de nuestros conceptos compartidos. 44 MOYAR, Dean, Self-completing alienation: Hegel s argument for transparent conditions of free agency, En: Dean Moyar y Michael Quante (eds.). Hegel s Phenomenology of Spirit. Cambridge, Cambridge University Press, p.163, (traducción propia). 30

32 NUESTRA SITUACIÓN ESPIRITUAL La racionalidad característica de esta fase de la Ilustración es atomista, tanto porque el cognoscente individual es el portador básico de la verdad, como porque la representación individual es tomada como el bloque básico de la construcción de conocimiento. 45 El hombre es siempre producto y productor de su historia, forma impresa relativamente constante que viviendo se desarrolla. 46 Partimos el presente capítulo con la reproducción de la cita de Moyar, que ya utilizamos en el primero, para caracterizar la concepción empobrecida de la individualidad propia de la primera etapa de la era moderna, que corresponde a la filosofía de Hobbes; y que domina la situación espiritual de nuestra época. En este capítulo, ahondaremos en sus presupuestos filosóficos y los antecedentes históricos que ayudan a explicar su dominio en el entendimiento de la individualidad. Veremos también las desastrosas consecuencias políticas de aquello, ofreciendo una salida a través de la propuesta de Charles Taylor sobre un modelo de razonamiento práctico para nuestra época moderna. La conclusión de estos primeros dos capítulos es la siguiente: una vez fundado el despliegue histórico de la razón práctica, 45 Ibíd., p. 168, (traducción propia). 46 HELLER, Hermann, Teoría del Estado. México D.F., FCE, pp

33 podemos entender la conformación de la perspectiva individual, tal como es alumbrada por la cita de Heller que nos sirve como segundo epígrafe de este capítulo; y, así, configurar la actividad política de un modo que haga justicia a la construcción del juicio del individuo. El presupuesto filosófico fundamental de la racionalidad atomista, que nos presenta naturalizadamente el juicio individual, desvinculándolo de su formación y significación histórica, corresponde a lo que se conoce como dualismo cartesiano u ontológico. De acuerdo a este entendimiento, el hombre habita entre dos mundos: ( ) un privado mundo interior, de subjetividad, en el que penetramos mediante introspección, y un público mundo exterior, de objetos físicos. Estas dos esferas son diversamente llamadas alma y cuerpo o mente y materia o substancia pensante y substancia extendida. La mente interior es el hogar de los conceptos y es donde el pensamiento tiene lugar; no obstante, las acciones, palabras y otras expresiones del pensamiento tienen lugar en el mundo público del cuerpo. Mis palabras consisten en signos públicos que representan pensamientos privados ( ) De acuerdo a esta teoría, los conceptos son generados privadamente en la mente y luego pueden o no tener palabras asociadas a ellos como etiquetas. 47 Wittgenstein demostró la implausibilidad de las consecuencias semánticas del dualismo ontológico al explicar que el significado de una palabra, expresión o sentencia radica en su uso, uso gobernado por sus propias condiciones de verdad, en virtud de que hablar un lenguaje implica participar en una actividad social sujeta a un marco normativo dado por sus condiciones de 47 MCCABE, Herbert, Law, love and language. Londres, Sheed and Ward, pp , (traducción propia). 32